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miércoles, 20 de junio de 2012

TRANSGENICOS, TE GUSTE O NO


Por: Enrique Moreno
 
 
La dictadura se puede ejercer de muchas y variadas formas. En los tiempos que corremos y en los países “civilizados”, la manipulación de la información y el impedimento a que la verdad salga a relucir es una magnífica forma de ejercerla.

Eso es lo que está haciendo Monsanto, la empresa multinacional líder en el campo de la biotecnología. Hasta ahora y que se sepa, ha impedido en 1.997 la emisión de un programa documental en la Fox TV, que se venía preparando hacía 2 años, sobre la hormona de la leche fabricada por Monsanto.

En agosto de 1.998, el doctor Arpad Pusztai, del Instituto Rowett de Aberdeen (Escocia ) publicó que las ratas tratadas geneticamente sufrían severos impactos en su sistema inmunológico. A las 48 horas se le prohibió hablar sobre el asunto y más tarde fue despedido de su trabajo y cerrada esa línea de investigación. Seis meses después, 20 científicos internacionales demostraron que Pusztai estaba en lo cierto. El virus de la coliflor, el posible causante de esa alteración, es el mismo que Monsanto utiliza en su soja transgénica.

Y lo más impresionante sucedió en octubre de 1.999, cuando destruyeron todos los ejemplares de la revista Británica “The Ecologist” dedicada en exclusiva a la poderosa corporación, en la misma imprenta, la revista más emblemática del pensamiento ecologista en los últimos treinta años y que no había fallado un número desde su publicación. Nadie dio una explicación. Nadie quiere o puede rebelarse a ese poderoso monstruo que es Monsanto.
 
¿Qué nos quieren ocultar con tanto interés?

Por supuesto los artículos de la revista trataban sobre esta poderosa multinacional que desde hace 98 años se dedica a la fabricación de plaguicidas, aditivos químicos y medicamentos. Tienen oficinas en un centenar de países y sus negocios rondan los 10.000 millones de dólares anuales. Son los creadores de el Agente Naranja, el trístemente célebre desfoliante utilizado en la guerra de Vietnam. La versión con dioxina mataba personas. También Monsanto fue el único fabricante de PCBs (compuestos clorados) prohibido por el Congreso de los EE.UU. en 1.976 por su riesgo cancerígeno y daños al sistema reproductivo.

Posee y comercializa Aspartamo, comercializado como Nutra-sweet e introducido a través de los vacíos en la legislación. Es el edulcorante más extendido del mundo gracias a su incorporación en la Coca-Cola y ampliamente conocido como una droga asociada a efectos cancinógenos. Ha sido acusado en los EE.UU. de provocar ceguera, convulsiones, estados de coma y tumores cerebrales.

Ya han introducido la hormona de crecimiento vacuno rBGH en las vacas para que produzcan un 20% más de leche. Esta hormona les provoca muchas infecciones, que obliga a una supervisión médica constante y a tratarlas con antibióticos que luego pasan al consumidor. Su leche contiene también niveles altos de pus. Hay asimismo estudios científicos que la relacionan con la aparición y aceleración de distintos tipos de cánceres. El canal de televisión canadiense CBC dio la noticia de que Monsanto había ofrecido 2 millones de dólares a la Agencia de Sanidad de Canadá por conseguir la autorización de la hormona sin tener que presentar nuevos informes ni estudios. La implantación de esta hormona está arruinando a millares de pequeños ganaderos en los EE.UU.

Han desarrollado la soja manipulada Roundup Ready, creada para ser resistente a su herbicida. Con esta soja transgénica, el agricultor puede arrojar tres veces más herbicida y arrasar con todo menos con las plantas modificadas. Fabrican también el herbicida Roundup, el más usado del mundo: en EE.UU. se rocían cada año 11.800 toneladas de ese producto y en España 200.000 agricultores lo usan actualmente. El glifosfato, su agente activo, es sumamente tóxico para los animales y las personas.

La ingeniería genética consiste en separar el ADN de un organismo y ponérselo a otro. Por ejemplo cortan genes (trozos de ADN) de humanos y se los colocan a cerdos y a peces para hacerlos crecer más rápidamente, o genes de escorpión al maíz para que la planta desarrolle su propio insecticida. De esta manera, a través de esas mutaciones, se crean organismos que nunca habían existido antes en la Tierra.

La soja transgénica no es más barata ni más sabrosa ni más saludable. Ofrece muy pocos beneficios al consumidor y al medio ambiente y los peligros hoy en día son bastante desconocidos. El cruce con variedades cercanas podría dar lugar a mutaciones con resultados imprevisibles. Deberían estar todavía en una fase previa de experimentación, pero lo peor es que lo están haciendo con nosotros. Todavía se sabe muy poco sobre la interacción entre varios genes juntos en un organismo diferente, o quizás sepan mucho y por eso nos lo quieren ocultar a toda costa.

La soja (en forma de aceite, harina o lecitina) y el maíz son los alimentos manipulados genéticamente más comunes y se usan en el 80% (60 y 20% respectivamente) de los alimentos procesados. También se usan como ración para animales de consumo. La soja manipulada genéticamente tiene genes de la petunia, una bacteria y un virus y constituye un ingrediente común en el pan, margarina, comida para bebés, helados, mayonesa, galletitas, tortas, chocolate, fideos, comida vegetariana y cerveza.

EE.UU. es el mayor productor de soja del mundo (135 millones de toneladas), y casi la mitad (62 millones de toneladas) es transgénica. España es el mayor productor de maíz transgénico de Europa (entre 12.000 y 18.000 hectáreas). Desde 1.992 llevamos autorizando cientos de cultivos experimentales. Se han realizado más de 200 plantaciones de ese tipo, con 20 especies vegetales distintas.

Los cultivos transgénicos en la Unión Europea cuya producción estamos ya consumiendo son: algodón, soja, maíz, colza, patata, tabaco, clavel, tomate, calabaza amarilla, papaya, melón, achicoria y remolacha. Cuando Vd. lea esto, quizás la lista sea mucho más numerosa.

Hoy en día, el 20% de los productos que podemos adquirir en un supermercado, o sea, alrededor de 30.000, están en mayor o menor medida dañados genéticamente. Hay ya 35 millones de hectáreas de cultivo transgénico. Y esto acaba de empezar.
Entre las empresas y multinacionales que se apuntan al carro de la biotecnología están: Coca-cola, Fritos de maíz, Gigante Verde, McDonald’s, Smack’s de Kellogs, aderezos para ensalada, margarina Fleishmann, mantequilla Land o Lakes, galletas Príncipe o Pepito Doble Choc de LU, Mars o jarabe de maíz Karo Corn. Los productos de las casas Nestlé como los chocolates o el Nesquik, Marks & Spencer, Lindt, Findus, Gervais o Danone, tampoco se oponen al uso de ingredientes transgénicos en sus productos. Quien sí lo hace por ejemplo son las casas Kraft, Jacobs, Suchard, Gerblé, Ducros, Barilla, Maizena, Bjorg o Ferrero que se oponen al empleo de la biotecnología en sus productos.

Los datos corresponden a 1.999 que es cuando escribí este artículo.

Nadie nos ha preguntado si queremos esto y no nos indican en qué productos está. Cuando han lanzado al mercado un producto manipulado con su consiguiente etiqueta indicándolo, como fue el caso del tomate transgénico llamado Flavr Savr, el asunto no prosperó. Por eso utilizan ahora la soja transgénica, muy difícil de evitar por entrar en la composición de numerosos productos.

Ya han causado alergias debilitantes, inmunodepresión, alteraciones en el sistema hormonal, incapacidades permanentes y muerte. Debido a una mortífera toxina creada durante la producción de triptófano genéticamente diseñado, murieron 37 personas y otras 1.500 resultaron con incapacidad permanente.

En Francia, el Reino Unido y sobre todo en la India, los campesinos están movilizándose y quemando los silos donde se almacenan las semillas, para que no se mezclen a través de la polinización o la infección de algún virus, a los campos circundantes y esparzan la contaminación genética.

Las ganacias sólo son para ellos al aumentar la durabilidad del producto en tiendas y estanterías, al aumentar la compatibilidad de las plantas y los pesticidas y herbicidas de su misma industria química, pudiendo usar más cantidad y aumentar sus ventas, y mediante las patentes encareciendo las semillas, etc.

La excusa de erradicar el hambre en el mundo no vale, ya que el 80% de niños con desnutrición vive en países con excedentes agrícolas. La solución es política y económica, no de falta de producción. El interés real es facilitar su cultivo en paises de mano de obra barata y su transporte, en buen estado aparente, por medios lentos pero baratos como el barco. Esto hundiría las economías del Tercer Mundo como ya está empézando a hacer.

Con el sistema de patentes y la compra de numerosas empresas de semillas en todo el mundo por valor de varios miles de millones de dólares, Monsanto está monopolizando el mercado de alimentos global. El sistema creado por Monsanto consiste en hacer estériles a las semillas. De esta forma, los agricultores se ven obligados a comprarlas cada año a las empresas multinacionales (con un plus de “tecnología” de 1.000 pesetas por saco). Los agricultores más pobres, los que alimentan a 1.500 millones de personas en el mundo, no pueden afrontar este gasto añadido comprando año tras año las semillas.

Gracias a la obtención de patentes sobre los cultivos, Monsanto está estableciendo contratos con clausulas abusivas y feudales: obligar al uso de sus semillas, prohibir no intercambiar ni quedarse con semillas, permitir la entrada de sus inspectores en cualquier momento, etc. Ya han llevado a juicio a 500 agricultores, con multas de 10.000 a 35.000 dólares. Para amedrentar a los otros agricultores, introduce anuncios en la radio en los que da los nombres de los que han violado sus leyes.

Esta empresa, con más poder que muchos países, ha conseguido introducir en el mercado mundial estos experimentos sin etiquetar y sin pruebas cuidadosas apoyada por la Administración de Fármacos y Alimentos, por la Agencia de Medio Ambiente y otros organismos públicos de los EE.UU. Varios directivos de Monsanto han desempeñado puestos clave en la Administración de los EE.UU., al tiempo que altos cargos del Gobierno de Clinton trabajan ahora para Monsanto. El compadreo entre Administración e Industria llega hasta el Reino Unido donde el responsable de la Agencia de Medio Ambiente cobró cerca de 250 millones de pesetas por permitir a Monsanto experimentar en una de sus fincas. Más indignante fue descubrir que 8 de las 13 personas encargadas de supervisar la autorización de alimentos transgénicos, tenían vínculos con las Empresas productoras.

El gobierno norteamericano amenaza a las naciones con guerras comerciales si ellos etiquetan o rechazan los alimentos genéticamente manipulados que les “ofrecen”.

Un descubrimiento nunca es dañino en si mismo y es inherente a la evolución. Lo malo es el uso que se le da. La ingeniería genética ha caído en manos de ambiciosos y poderosísimos especuladores que ven en este invento una forma de enriquecerse aún más a costa de lo que sea. ¿Les suena de algo las guerras?
Con buenas palabras, con la excusa de ser la solución para el hambre en el mundo, manipulando la información y muy bien apoyados, lo que en realidad consiguen es, jugando a Frankensteines con nuestra salud y quizás con la evolución misma al alterar algo tan fundamental como es el código genético de las especies, abusar de los pequeños agricultores a los que explotan y destrozar las economías de los países más pobres. Al final es lo que siempre se quiere “evitar” y siempre se consigue, que los ricos sean más ricos y los pobres sean cada vez más, y más pobres. ¿Qué piensan comer ellos? ¿Y sus hijos?

Acabando este artículo, leo en El País del 2 de mayo un recorte en el que Nestlé y Unilever, dos de las mayores multinacionales alimentarias de mundo, debido al descenso en las ventas y recogiendo las quejas de los consumidores, han decidido prescindir de los alimentos transgénicos. El Gobierno laborista de Tony Blair sigue apoya la industria de la biotecnología, “capaz de generar unas cosechas sumamente valiosas en el terreno económico”.

Espero que sea verdad y que todos los demás hagan lo mismo. No me gustaría que acabásemos como los mutantes de las revistas de ciencia ficción ubicadas en el siglo XXI.

“Un grano no hace granero pero ayuda a su compañero”. La protesta de un consumidor no hace más que ayudar a la de los otros consumidores a tener la fuerza suficiente para que multinacionales de esta talla cambien de política y abandonen esta forma de ambición desmedida. Un apaluso para ellos.

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