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martes, 16 de agosto de 2011

Conspiraciones III: Nibiru/Elenin


Allá por el 2003, después de varios años de recopilar y clasificar la información oficial y extraoficial que encontré con arduas dificultades y de someter casi a interrogatorio a mis amistades más… especiales, digamos, escribí la novela “Tetragrammaton”. Una novela de la que apenas se han vendido unos miles de ejemplares, porque sólo se comercializa en algunas librerías de Internet y en mi propio sitio web, y, además, únicamente en formato e-book.




En ella, a través de una trama de… suspense, digamos, pongo al alcance de los lectores cómo se organiza el concierto mundial, qué organizaciones se emplean ("los relojeros de la Historia", les llamo a los miembros de Tetragrammaton) para producir el bien tangible de la paz y la guerra, la formación y la in-formación (no-formación) y qué se esconde en los propósitos de la elite dirigente, desembocando el argumento en un próximo fin del mundo, tal y como le conocemos, a causa de la irrupción en nuestro entorno cósmico inmediato de un invitado largamente esperado por algunos, descrito por nuestros ancestros más remotos y anunciado para estos tiempos por muchos profetas y libros sagrados: Nibiru.




Recientemente, tal vez como maniobra de diversión o de dispersión, o aún como culmen de distintas las películas extremadamente taquilleras proyectadas en los cines de todo el mundo en los últimos años avisándonos subrepticiamente con guiños de una catástrofe venidera, como “Deep Impact”,” Armageddon”, “2012”, etc., un poco o nada conocido científico ruso dice que descubrió en diciembre del año pasado un cometa insignificante, de menos de cinco kilómetros de diámetro, y que actualmente está muy de moda en toda la Red, la cual arde con noticias al respecto a cuál más catastróficas para este mismo otoño de 2011: Elenin, o C2010 X1 en su nomenclatura astronómica.




Lo uno y lo otro, al fin al cabo, puede parecer algo de lo más normal. Nada hay de extraño en que un escritor utilice, por ejemplo, la obra de Zecharia Sitchin “El duodécimo planeta” para urdir una novela catastrofista, y tampoco hay nada de raro en que un astrónomo que se pasa buena parte de su tiempo observando el universo descubra un nuevo cometa en un espacio cuajado de ellos, o que la Red arda con lo que sea, que nunca faltaron ni negros augures, ni fines del mundo anunciados, ni alarmistas por doquier. No lo hay… o sí. Analicemos un poco ambos asuntos.




En cuanto a mi novela no surgió así porque sí, sino que, por una parte, fue consecuencia de mi fascinación por los sumerios y el origen de la especie humana, en un aparente brote espontáneo que ningún científico ha sabido explicar convincentemente y que curiosamente no se ha vuelto a repetir en la Historia; y, por otra, de cierta información que entonces llegó a mis manos (u oídos y ojos) y que en aquellos años era todavía muy restringida. Omitiendo aquí nombres propios extranjeros, cargos en Instituciones y nombres de universidades (el lector interesado sabrá encontrar las fuentes, o bien hallar sobradas referencias en mi novela), sintetizaré sucintamente el asunto: desde siempre la Iglesia Católica ha ido muy por delante en todo cuanto se refiere a la mayoría de las disciplinas del conocimiento, no siendo ajena en absoluto a los más punteros avances en materias tales como Matemáticas o como Astronomía. En Astronomía, concretamente ya que es lo que nos interesa, la misión le fue encargada históricamente a los jesuitas, y desde la Torre de los Vientos, primero, y desde Castelgandolfo, después, se empeñaron en escudriñar y mapear el universo conocido, quién sabe si previniendo a la estrella Ajenjo que anuncia el Apocalipsis. Sea como fuere, algo debieron descubrir para que en 1981 fundaran el observatorio VORG en Tucson, Arizona, y algo verdaderamente grave, ya que dieron inicio al programa “Secretum Omega”. Como consecuencia de estos descubrimientos y observaciones poco precisas mediante telescopios (perturbaciones en el Cinturón de Oort, Neptuno, Urano, Saturno, etc, que anunciaban un cuerpo especial particularmente masivo extrarradios del Sistema Solar, el misterioso Planeta X o décimo), dentro del habilitado programa Secretum Omega la Iglesia financió con su consabida discreción la construcción de la sonda Siloé, la cual fue puesta en órbita por una aeronave Aurora en 1982. Lo que constataron visualmente, fotografiado y filmado, fue algo mucho más estremecedor de lo que habían previsto en sus cálculos. Alarmada la NASA por el tradicional secretismo de la Iglesia, y dado que el elevado costo de la misión sólo podía justificarse con un descubrimiento excepcional, debidamente informados por sus servicios secretos los EEUU lanzaron en 1983 su propia sonda, la IRAS, que llegó a fotografiar y filmar el mismo cuerpo celeste, cuya noticia, en primera instancia, ocupó la portada de los periódicos más prestigiosos del mundo (puede comprobarse en las hemerotecas): un planeta de un enorme tamaño que, hechos los debidos cálculos, se dirigía directamente hacia el centro del sistema solar, teniendo su perihelio entre el Sol y la Tierra… precisamente para el próximo año. No en vano su nombre sumerio, Nibiru, significa “El planeta del cruce”. Una certeza que justificó una astronómica inversión por parte del Vaticano para construir en 1993 el observatorio TATA (VATT, en sus siglas en inglés, que significan Telescopio Astronómico de Tecnología Avanzada) en Monte Graham, Arizona, y al Ejército de los EEUU hacer lo propio con el SPT de infrarrojos en la Antártida, región a la que hoy es imposible acceder sin el permiso y presencia del Ejército de los EEUU, y mucho menos hacer observaciones astronómicas sin su control, porque el planeta Nibiru se aproxima al Sol por debajo de la eclíptica, en un ángulo de aproximadamente -45º. No obstante esto, ha de saber el lector que ningún observatorio del mundo funciona hoy por libre, sino que todos los observatorios del mundo están coordinados y regulados en su ocupación, y, en consecuencia, cualquier observación astronómica “oficial”, hoy por hoy, está programada en forma global y quien autoriza quién y qué observa, básicamente, son los EEUU y, en particular, El Club.




El caso es que este planeta recién descubierto por la Iglesia, primero, y los EEUU, después, no sólo coincidía con las teorías de Zecharia Sitchin, sino también con las descripciones del Libro Kolbrin (o Biblia Kolbrin) y con innumerables relatos transmitidos por las más disímiles culturas. Fue llamado el Gran Destructor por el Libro Kolbrin, Gung-Gung o el Dragón Rojo por los relatos chinos, Quetzaqual por los mayas, Shiva el Señor del Cielo por los indostaníes, Gran Fénix por los fenicios, Kachina por los Hopi y Ajenjo por la Biblia, entre otros muchos nombres y culturas. Un planeta de una masa muchas veces la de la Tierra, el cual parece ser que viene acompañado de numerosas lunas y de una cantidad de escombros tal que, años después, en 1997, el padre Malachi (una de las mayores autoridades en Astronomía de la Iglesia), preguntado sobre si la llegada de Nibiru a las proximidades de la Tierra podría producir una gran mortandad entre los humanos, respondió que “Es mucho peor que eso: es peor de lo que pueden llegar a imaginar.”




La noticia, sin embargo, a partir de 1983, lejos de potenciarse o ser seguida con interés debido a las consecuencias que podría tener para la Tierra, despareció de los medios de comunicación como por arte de magia. Sin embargo, es a partir de esta fecha cuando, como expongo en “Tetragrammaton”, comienzan a apreciarse los movimientos llamados globales. Tras unos pocos años de incertidumbre y reuniones al más alto nivel, tanto de organizaciones supranacionales como de organizaciones de El Club (Bielderbergs, G-loquesea, Trilaterales, BM, FMI, etc.), el Muro de Berlín se desploma de repente sin que obedezca a una causa razonable, se produce el genocidio de Ruanda (lección de crueldad de El Club para los países díscolos), se produce el desmembramiento de la antigua URSS con todas las guerras locales, se verifican las guerras de la exyugoslavia, etc., además de producirse la globalización de la economía (con el objeto de crear falsas crisis financieras, ya explicaré por y para qué) y de realizarse un esfuerzo gigantesco en el desentrañamiento del genoma humano en el que participa la totalidad de la comunidad científica mundial. Todo ello, que de por sí ya es lo suficientemente llamativo de que algo hay que une a líderes absolutamente antagonistas, se complementa con el inicio de superobras de ingeniería en todo el mundo para la construcción de “arcas” subterráneas a enorme profundidad, lo mismo para poner a salvo de inciertas catástrofes globales las semillas de todas las plantas del planeta y a los genomas de todos los seres vivos de la Tierra, como para que numerosos grupos de humanos puedan sobrevivir a fenómenos cataclísmicos de orden planetario. Algunos de estos refugios-arcas, construidos a más de 6 kilómetros de profundidad en roca viva, cuentan con capacidad para que más de veinte mil personas puedan sobrevivir sin contacto con exterior de una forma autónoma por más de dos años, y, aun con todo, numerosos de esos refugios en el mismo y otros países están comunicados por túneles, al modo y manera de nidos hormigueros, con el fin de multiplicar sus posibilidades de supervivencia. Obviamente, para construir esta red de arcas para tal cantidad de personas (microsociedades comandadas por la elite eventualmente imprescindibles para garantizar un reinicio de la civilización después de una catástrofe semejante) se precisan una ingente cantidad de recursos económicos, razón por la cual se inventan periódicamente pandemias o crisis financieras o petrolíferas que promueven la intervención de los Estados con la inyección de billones de euros. Para eso necesitaban una economía global que caminara en el concierto de las naciones a un único paso, y para eso promovieron todos los movimientos ya descritos. Por ejemplo, sólo la última crisis financiera supone que han “desaparecido” del mercado la friolera de 161 billones de euros en todo el mundo. Lo bastante como para construir un enorme y bien dotado hormiguero.




Ya he mencionado en el primer artículo de esta serie que El Club controla la información que recibe el ciudadano medio, que es decir que controla también la desinformación, y para ello cuenta con una numerosa legión de debunkers (desinformadores) que están especializados en desacreditar cualquier información que pudiera aparecer sobre el tema, en potenciar las opiniones más volátiles o descabelladas que le hagan pensar al ciudadano medio en lo paranoico de quienes sostienen tales afirmaciones, y aun en primar que afamados científicos desautoricen cualquier noticia que, con sesgo de ser veraces, pudieran aparecer en cualquier medio incontrolado, como Internet. La información y la desinformación, hoy, son un juego tan habitual del poder que a nadie puede resultarle extraño o increíble.




Pero ¿qué consecuencias puede tener el paso de un planeta masivo en un órbita próxima al Sol y a la Tierra?... En el universo no funciona la propulsión, sino que los cuerpos celestes regulan sus distancias y movimientos en base al electromagnetismo. Por hacernos una idea, si el Sol fuera un balón de fútbol que estuviera en Madrid, Plutón sería algo menor que una canica en Barcelona, y, a pesar de ello, no puede escapar de la fuerza de atracción del Sol. Tal es el poder del electromagnetismo. Pues bien, la entrada de un cuerpo planetario como Nibiru y sus lunas en el Sistema Solar interior, supondría un juego de atracciones y repulsiones electromagnéticas de tal magnitud que no sólo supondría desplazamientos de los ejes de giro (inversión de los polos) de los planteas como la Tierra, sino también alteraciones climáticas de tal magnitud que sería imposible mantener el ritmo actual de cultivos y que justificaría los aparentes suicidios masivos de las especies que usan los campos magnéticos terrestres para desplazarse, tal y como hoy mismo y en todo el mundo está sucediendo (mirlo rojo en EEUU, delfines y ballenas en cualquier lugar del planeta, pulpos en Portugal, estrellas de mar en Escocia, etc.). Lo que tal vez haya que explicar es que la atracción entre planetas, el geomagnetismo, no se produce entre las masas, sino entre los núcleos, que son metálicos. Por hacernos una idea, si la Tierra fuera un huevo, el manto, que es la parte sólida de la Tierra en la que vivimos los humanos, tendría menos de 1 mm de espesor. Este manto está formado por placas tectónicas, de modo y manera, que al moverse el núcleo metálico de la Tierra, formado básicamente por hierro y níquel, forzaría el desplazamiento del magma, el cual presionaría sobre las placas, produciendo los terremotos y la actividad volcánica. Si esta presión fuera muy grande, como correspondería a la irrupción de un potente campo electromagnético que nos afectara severamente, puede imaginarse el lector cuáles serían las consecuencias y cómo se quebraría ese cascarón sobre el que habitamos flotando en un océano de lava.




Desde que fuera descubierto físicamente Nibiru en 1983 hasta hoy, ha pasado mucho tiempo. En buena lógica, todo hace pensar que debería haberse acercado lo suficiente a la Tierra como para ser visto incluso por telescopios de aficionados, pero, aunque perturbaciones severas apreciadas en la Nube de Oort, Urano, Saturno y Neptuno, y aún a la desaparición inexplicada del cinturón ecuatorial de Júpiter o a la aparición de una espontánea e igualmente no explicada atmósfera de Nitrium en nuestra Luna apuntan a ello como evidencia incontestable, poco o nada se sabe oficialmente de Nibiru más allá de desmentidos más o menos continuos y de alarmas suscitadas por astrónomos no oficiales, quienes alertan de que tal o cual región específica del universo apreciable en los telescopios… públicos, digamos, como Googlesky o similares, están cegados, cubiertas ciertas regiones del universo por una especie de cuadrados negros artificiales..., precisamente donde debería estar el inaprensible Nibiru.




No obstante, en diciembre de 2010, como decía al principio, resulta que un desconocido astrónomo ruso descubre desde su casa, a través de un telescopio remoto de alquiler de 200 mm (que se puede operar por Internet) ubicado en Mayhill, Nuevo México, EEUU, precisamente un cometa (que entonces no tenía ni coma, la cola que identifica a un cometa como tal), de poco menos de cinco kilómetros de núcleo, con una magnitud aparente de 19,5 (nada menos que unas 150 mil veces más tenue que el mínimo visible a ojo desnudo) y que se encuentra en el momento del descubrimiento a la friolera de 4,3 UA (Unidades Astronómicas, el valor de cada una de las cuales es la distancia de la Tierra al Sol, que son 150 millones de kilómetros). Vamos, si hace falta alguna carambola más, oferten. Primero, no parece nada razonable que con un telescopio poco menos que de juguete, los cuales suelen alquilar astrónomos aficionados o incluso estudiantes, pueda descubrirse algo visible que es 150000 veces menos visible que lo mínimo que es capaz de captar el ojo humano, pero que, contra todo pronóstico, califica como cometa cuando no tiene siquiera coma (la cola del cometa), lo da una dimensión al núcleo de entre 3 y 4 kilómetros (que ya es medir con precisión a esa distancia), dice que está a 645 millones de kilómetros, y se queda tan pancho, poniéndole al tal su nombre.




Adempero, a pesar de lo irracionalmente descabellado de todo este asunto, no sólo la NASA publicó casi al instante el descubrimiento, cuando ella misma ha ocultado a Nibiru, sino que el JPL (Jet Propulsion Laboratory), dependiente de la NASA, no tardó ni horas en hacer pública y colgar en Internet un programa en el que cualquier usuario podía apreciar la órbita prevista para el tal cometa en cualquier momento de su recorrido, tendiendo datos supuestamente fidedignos de qué distancias iba ocupando en cada momento de su aproximación, perihelio o alejamiento, así respecto del Sol como de la Tierra. Cosa muy particular, porque el tal cometa, junto con el P45-Honda y el Levy, nos prometen un movido otoño. Así, Elenin, no ha tardado en convertirse en todo un circo mediático, y tanto más cuando no tardaron en aparecer en Internet fotografías del tal cometa acompañado de otros cuerpos en su estela que daban la impresión de estar en formación… inteligente.




Según el programa facilitado por JPL, Elenin cruzó la órbita de la Tierra el pasado día 28 de julio a 1,454 UA de la Tierra, alcanzará su perihelio (punto de mayor aproximación al Sol) el día 3 de septiembre, y cruzará la órbita de la Tierra, ya en retirada, el próximo día 12 de octubre, a una distancia de 0,447 UA (ahí al lado), en cuyo momento se estima que tendrá una coma de unos 200000 kilómetros, y por entre cuyos escombros de la coma deberá pasar nuestro planeta en su recorrido orbital, asegurándonos un vistoso espectáculo de estrellas fugaces… del tamaño de estadios de fútbol. El día 15 de septiembre, según este programa, habrá una alineación exacta entre el Sol, Elenin y la Tierra, a una distancia de 0,488 UA, lo que, según algunas fuentes, puede producir una serie de eventos absolutamente catastróficos, ya que parece ser que los últimos terremotos superiores a 7º Richter (Nueva Zelanda, Chile, Japón, etc.) han coincidido con alineaciones similares, si bien en aquéllas Elenin estaba a una distancia remota y ésta se producirá con una vecindad inmediata, de modo que ya se puede imaginar lo que le espera.




Hasta aquí, lo más cabal y significativo sobre Elenin, al cual ya le tenemos ahí al lado prometiéndonos mucha actividad hasta que tenga su última alineación con la Tierra hacia finales de noviembre de 2011. Sin embargo, parece ser que, según las últimas noticias, no viene solo, sino que es seguido de lo que los astrónomos llaman un cluster, es decir, un conjunto de objetos cósmicos, y éstos son, además de los tradicionales escombros que suelen acompañar a los cometas, Nibiru con todas sus numerosas lunas (hasta 11) y Tyche, un supuesto sol negro, estrella marrón o estrella oscura hermana de nuestro Sol, los cuales se van a cruzar en nuestra órbita unos meses después de que Elenin, el cual sería una especie de profeta de lo que viene detrás, emprenda su viaje de retorno. Y si Elenin puede tener unas consecuencias como las descritas, y si Nibiru otras como las ya apuntadas, ¿qué consecuencias tendría que se nos cruzara en nuestro camino cósmico, precisamente en vísperas de tan manido 2012, todo un sistema solar?...




Tal vez todo esto sean exageraciones, e incluso maniobras de la elite para meternos la mano en el bolsillo mientras miramos las estrellas, o aún una manera de distraernos mientras nos recortan libertades civiles para convertirnos en más esclavos, pero que los hormigueros (o las arcas) se están construyendo, es algo inequívoco y sobradamente demostrado; que en mayo EEUU se gastó una fortuna en los ejercicios de Eagle Horizont sobre una supuesta catástrofe que suponía el hundimiento de toda la cuenca del Mississippi y que afectaba a 8 estados y a más de tres millones de personas, es algo que cualquiera puede comprobar; que el FEMA (Centro para la Gestión de Catástrofes) de EEUU ha construido campamentos de refugiados para más de siete millones de personas y acumulado más de 300 millones de raciones de supervivencia, es algo que igualmente puede conocerse sin demasiada dificultad; que la NASA ha impuesto un plan de supervivencia para sus empleados y les adoctrina en las medidas de seguridad a tomar ya ante cualquier supuesto evento especial, es algo sobradamente conocido; y que las crisis menudean más y más, porque la hora se acerca, el tiempo se acaba y precisan más recursos, es algo obvio, pues, como le dijo el Ministro de Defensa ruso a Putin, “o aplicamos más recursos o no podremos tener concluidos los 5000 nuevos refugios subterráneos de Moscú para la fecha prevista de 2012.”




Así está la cosa, no tiene más que leer “Tetragrammaton” para el asunto de Nibiru, o asomarse a Internet para tener cierta de idea de ambos, siempre que sepa discriminar información de desinformación. Ajenjo, parece, está llegando, tal y como profetizó el Apocalipsis, Zecharía Sitchin con su “El duodécimo planeta”, y aún ese recurrente Nostradamus con su “montaña que cae del cielo con un tamaño de siete estadios”. Puede creerlo o no, pero, por si acaso, vea si paga la hipoteca o si prefiere ir comprando algunas cosillas por si los acasos, porque me temo que de ser verdad sólo una pequeña parte de todo lo que se parece que se nos viene encima en los próximos meses, es probable que cierren los supermercados, que los hospitales no estén disponibles para urgencias y que a las fuerzas de seguridad les den vacaciones indefinidas. En su mano está creerlo o no y obrar en consecuencia. Avisado está, y no es cosa que se preavise para dentro de milenios o de siglos, sino para pasado mañana, como aquél que dice






















Si tiene intención de pagar su hipoteca o planificar las Navidades, no lo haga antes de leer este artículo













Ángel Ruiz Cediel




Publicado el martes 9 de agosto de 2011, 08:44 h.



















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Conspiraciones I: el fundamento




Conspiraciones II: el Poder




Conspiraciones IV: El Bien y el Mal




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